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1. Consulta preconcepcional

Lo ideal es que toda mujer planifique sus embarazos y que acuda a su médico antes de quedarse embarazada para conocer cuál es su estado de salud inicial.

Sólo una de cada tres mujeres embarazadas realiza un correcto control nutricional previo al embarazo, asumiendo un mayor riesgo de malformaciones congénitas a causa de un posible estado nutricional deficitario.

¿Por qué es importante?

Para preparar el cuerpo antes de la fecundación, con un correcto control nutricional para el periodo de organogénesis, es decir, cuando se forman los órganos del embrión, que es el momento en que es más vulnerable y que se produce muy al inicio del embarazo, en las nueve primeras semanas, antes incluso de que la mujer sepa que espera un bebé.

Para llegar a ese momento en las mejores condiciones posibles es importante llevar una dieta equilibrada, realizar deporte, tomar ácido fólico y desarrollar una serie de pruebas ginecológicas que aseguren el correcto inicio del embarazo.

Riesgos

En cualquier embarazo, existe un riesgo de entre un 2 y un 5% de que el bebé nazca con defectos congénitos, especialmente si la madre tiene menos de 15 años o más de 40 años, ya que aumenta la posibilidad de que aparezcan complicaciones como diabetes gestacional, hipertensión arterial, placenta previa, desprendimiento de placenta y aborto, entre otros.

Si la madre supera los 35 años, existe más riesgo de cromosomopatías, por ejemplo, síndrome de Down. También puede haber una mayor incidencia de anomalías cromosómicas a partir de los 45 años de edad del padre, pero son menos frecuentes.

Los hijos de parejas que son parientes tienen más riesgo de presentar defectos congénitos porque si son ambos portadores de una enfermedad conocida o no (existe consanguinidad) , es más probable que,  en estos casos, transmitan el gen anómalo al bebé, lo que puede traducirse en síndromes o malformaciones.

¿En qué consiste la consulta preconcepcional?

  • Toma de presión arterial, peso y talla. Tanto el sobrepeso como la delgadez excesiva son perjudiciales para la madre y el feto. El sobrepeso disminuye la fertilidad, aumenta la incidencia de hipertensión arterial y diabetes, hace que el parto sea más complicado y aumenta la tasa de cesáreas y los casos de muerte fetal y neonatal.
  • Exploración vaginal, citología y colposcopia. Son pruebas destinadas a conocer el estado de la vagina y el cuello del útero.
  • Ecografía transvaginal, para visualizar el útero y los ovarios.
  • Exploración mamaria.
  • Solicitud de analítica de sangre. La rubeola, la varicela, la toxoplasmosis y el citomegalovirus producen un aumento del riesgo de malformaciones congénitas si la madre las padece estando embarazada; la hepatitis y el SIDA pueden ser transmitidos al feto. Existe la posibilidad de vacunar a la madre frente a varicela, rubeola, hepatitis A y B antes del embarazo y adoptar medidas preventivas frente a enfermedades que no tienen vacuna.
  • Prescripción de un complejo vitamínico que incluya yodo y ácido fólico. Es importante para prevenir problemas neurológicos y defectos del tubo neural.
  • Determinar si la mujer consume algún tipo de fármaco que pueda ser nocivo para el feto
  • Conocer las posibles enfermedades que pueda padecer la madre. Las que permiten el embarazo, como la diabetes, la epilepsia, la hipertensión, algunas cardiopatías y el hipotiroidismo, han de estar compensadas y en fase estable.
  • Conocer si la mujer ha tenido embarazos anteriores y cómo fue su evolución. Por ejemplo, si hay antecedente de parto prematuro, ya que aumenta la posibilidad de que se repita. En caso de abortos espontáneos, se estudia el caso a partir de 2-3 abortos consecutivos.
  • Conocer las enfermedades hereditarias en la familia de la mujer y de su pareja.

Recomendaciones previas a la concepción

  • Eliminar hábitos tóxicos como el consumo de tabaco y alcohol.

    El tabaco se asocia con un aumento del riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro, bajo peso al nacer, muerte súbita en el lactante y aumento en el riesgo de infecciones respiratorias en el niño.

    También se debe investigar el consumo de tabaco de la pareja y de otras personas que comparten la vivienda, ya que el tabaquismo pasivo aumenta el riesgo de tener un nacido de bajo peso.

    El consumo de cantidades bajas de alcohol durante el embarazo se ha asociado con aborto espontáneo y bajo peso al nacer. El síndrome alcohólico fetal observado en nacidos de madres bebedoras excesivas, incluye retraso de crecimiento, anomalías del cráneo y del corazón y retraso mental. Beber una copa de alcohol ocasional durante el período preconcepcional no se ha relacionado con riesgo para el feto.

  • Aumentar el consumo de ácido fólico (vitamina B9). Son alimentos ricos en ácido fólico el germen de trigo, las naranjas, las legumbres, el hígado de pollo, vaca y cerdo y los vegetales de hoja verde.

    Es necesario tomar suplementos durante el embarazo, ya que la necesidad de ácido fólico es mayor, ya que reduce la incidencia de defectos del tubo neural. La ingesta de ácido fólico y complejos multivitamínicos reduce la incidencia de malformaciones cardíacas, urinarias, orofaciales, de extremidades y de estenosis del píloro.

    Aumentar la ingesta de yodo. Se obtiene a través del consumo de sal yodada y de mariscos. Es más necesario durante el embarazo por el incremento de la producción de hormona tiroidea. La falta de yodo afecta al desarrollo neurológico del feto.

  • Evitar el deporte de impacto y el ejercicio intenso, aunque el ejercicio moderado es saludable y beneficioso para la madre y para el bebé.
  • Seguir una dieta equilibrada, de unas 2.000 kcal diarias. Se deben consumir alimentos ricos en yodo y en ácido fólico e incrementar el consumo de proteínas en entre 10 y 12 gramos diarios, ya que son necesarios para síntesis de nuevos tejidos por parte de la madre y del feto.
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